Los amantes de las vistas panorámicas siempre están en busca de nuevos lugares para divisar la ciudad desde otra perspectiva. Transitar las calles de Madrid de noche tiene su encanto, pero verla de arriba, sin duda, es un espectáculo de otro nivel. Son muchos los miradores que ofrece esta singular metrópoli, sin embargo, pocos se equiparán a los atardeceres tan vívidos que apreciarás desde el Parque del Cerro del Tío Pío.
El ajetreo diario de la ciudad suele ser desgastante. Así que lo mínimo que puedes hacer durante los fines de semana, es regalarte momentos de calidad. Desconectar por unas horas, sin estar pendiente del reloj o de cumplir con un horario, es indispensable para recargar las energías. Y el parque del Cerro del Tío Pío es ideal para armar un plan relajado en pareja o en familia.
En este artículo de daremos las claves para disfrutar de tu estancia en este mirador y te contaremos un poco del por qué también se le conoce como “El Parque de las Sietes Tetas”.
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Orígenes del Parque del Cerro del Tío Pío

En los años 80, antes de que las colinas del Cerro del Tío Pío estuvieran cubiertas de verde y exuberante césped. Estas elevaciones montañosas enclavadas en el barrio Numancia, fungieron como el epicentro de una de las chabolas más populosas de toda Europa. Los primeros residentes de esta zona eran inmigrantes del interior del país. La mayoría, personas de origen humilde y procedentes de ciudades como Murcia, Guadalajara, Cuenca y de las afueras de Madrid.
Todo inicio en el año 1918, cuando un obrero llamado Pío Felipe Fernández, compró la propiedad de todos los terrenos. Y tras ser uno de los primeros habitantes del sector, empezó a alquilarle parte de estas tierras a nuevos inquilinos. Con la única condición de que no podían construir viviendas en la zona. Pese a ello, dichos individuos hicieron caso omiso de esta cláusula y durante la noche empezaron a erigir lo que serían sus nuevos techos.
Al principio, la Guardia Civil se encargó de derribar las humildes viviendas en reiteradas ocasiones, pero con el paso del tiempo dejaron de hacerlo. Así que años más tarde, cuando Vallecas seguía siendo un pueblo. Al ayuntamiento no le quedó más remedio que reconocer oficialmente el nuevo barrio, censando a unas 90 personas que ocupaban al menos unas 22 casas.
No obstante, es después del estallido de la Guerra Civil, el momento en el que se registra el mayor incremento de residentes en el lugar. Especialmente con el arribo de andaluces, extremeños y manchegos que buscaban una mejor calidad de vida. En tal sentido, el barrio pasó de estar constituido por unos 90 vecinos a ser el hogar de unas 4.148 personas. Todo en menos de 50 años.
Plan parcial, desalojos y construcción del nuevo parque
Sin embargo, con el vertiginoso crecimiento de Madrid y el lanzamiento del plan general de urbanismo. Los terrenos del barrio Pío se revalorizaron y tras múltiples reuniones y negociaciones entre autoridades y vecinos. Se terminó por llevar a cabo el completo desalojo de la zona y con ello la inminente demolición de los domicilios que se habían construido. Para ello, fueron asignadas unas 12.000 viviendas y muchos de los residentes terminaron viviendo en el barrio el Fantarrón.
Tras la destrucción de las chabolas, las vistas que se apreciaban desde este lugar eran impresionantes. Y fue precisamente este atractivo el que motivo la construcción del parque del Cerro Tío Pío. Un proyecto que se desarrolló entre 1985 y 1987 y que estuvo a cargo de los arquitectos Manuel Paredes Grosso, José Manuel Palao y Julián Franco. De la mano de los ingenieros Arturo Soto y José Luís Orgaz.
Aunque a diferencia del diseño y edificación de otros espacios. Los escombros que se produjeron a raíz de la destrucción de las chabolas, no fueron removidos. En lugar de ello, el arquitecto Manuel Paredes Grosso, decidió cubrirlos y erigir sobre dichos escombros lo que sería el Parque del Cerro del Tío Pío. De ahí, las distintas las elevaciones y características de los siete montículos, a los que hoy en día se les conoce coloquialmente como “Las Siete Tetas”.
¿Qué hacer en el Parque del Cerro del Tío Pío?

El Parque de las Siete Tetas como le llaman los más jóvenes o el Cerro del Tío Pío como le dicen los mayores. Es un terreno encantador por donde se vea. De hecho, es comprensible que los obreros e inmigrantes del interior eligieran esta zona como residencia provisional en busca de mejoras para su calidad de vida. No solo está a solo 5 kilómetros del centro de Madrid, sino que además es uno de los miradores naturales más hermosos de la ciudad.
Algunos, incluso, han llegado a calificarlo como el Tibidabo de la capital y es que las panorámicas que captarán tus ojos desde estos montículos te dejarán gratamente sorprendido. No por nada artistas como el pintor español Antonio López, eligieron acceder al punto más elevado de este cerro para retratar la fiel estampa de Madrid desde las alturas.
Además, tras casi 40 años de uso para el esparcimiento. Los terrenos del Cerro del Tío Pío han vuelto a reverdecer y nuevos árboles y especies vegetales te dan la bienvenida mientras escalas hasta la cima del seno más alto. Estas características lo hacen un espacio ideal para compartir y para planificar diversas actividades. Aquí te presentamos un breve listado de los planes imperdibles a la hora de visitar este parque:
Apreciar el atardecer

Si eres una persona a la que gusta conectar con la naturaleza y admirar el cielo y sus distintos cambios a lo largo del día. No puedes dejar de disfrutar de una puesta de sol desde el Parque del Cerro del Tío Pío. Los atardeceres de este punto de la ciudad, sin exagerar, son magia. Sentarse en una de sus colinas y ver como el cielo madrileño pasa de intensos azules a tonalidades entre naranja, morado y rosa. No tiene comparación.
Es un clásico plan romántico que difícilmente falla y más si lo acompañas con unas copas de vino y algunas tapas para picar. Aunque si vas con amigos y quieres sacar o sacarte unas fotos artísticas con la estampa de Madrid, también la pasarás genial.
Disfrutar de su diversa flora

Aparte de ser un lugar que transmite paz y que brinda vistas dignas de retratar, el Cerro del Tío Pío cuenta con una gran diversidad de flora al pie de sus montículos. De hecho, se estima que este pulmón vegetal alberga al menos unos 1.217 tipos de árboles. Estas especies realzan la belleza genuina del lugar y se encargarán de purificar el oxígeno que llegará a tus pulmones mientras asciendes.
Piño piñonero y árboles como la morena y las acacias, son tan solo un ejemplo de la gran variedad de arbustos que puedes encontrar. Y que te invitarán a quedarte un rato más para pasar tiempo de calidad y respirar aire fresco.
Ascender a la cima en bicicleta

Los deportistas y amantes del running es otro de los públicos que más puede disfrutar del ambiente y las características del Parque de las Siete Tetas. Estas elevaciones son ideales para poner a prueba la resistencia física y más si llegas a ellas montando bicicleta. Subir hasta la cima de manera frecuente te ayudará a desarrollar las piernas más tonificadas y envidiables de Madrid.
Dejar el coche estacionado por un día y salir a pedalear hasta uno de los puntos más relajantes de la ciudad. Es una experiencia que tu piel y tu organismo agradecerán. Así que toma tu bicicleta y pasa una tarde diferente sin estar pendiente de llenar el tanque o hacer cola.
Tomar unos mojitos en el bar El Mirador

Si creías que el Parque del Cerro del Tío Pío es solo vistas y colinas llenas de césped te equivocas. En sus inmediaciones también encontrarás una amplia terraza para disfrutar del Skyline madrileño con un rico aperitivo o una cerveza bien fría. La atención al cliente en este local es impecable y te hará sentir como en casa. Pero, sin duda, los mojitos son la especialidad de este bar y por ello, se ha convertido en un referente obligado entre locales y turistas.
Está ubicado justo detrás del Rectángulo Real Ilusorio, en el punto neurálgico del parque. Una zona dotada con equipamientos deportivos, áreas infantiles y hasta carriles para bicicletas. Incluso los viernes y los sábados cuentan con DJs invitados.
El único detalle es que está temporalmente cerrado, pero esperemos que vuelva a abrir pronto.
Ver el Rectángulo Real Ilusorio

Y, por supuesto, no podríamos cerrar el listado de cosas por ver y hacer en este mirador natural. Sin dejar de mencionar la escultura del Rectángulo Real Ilusorio. Está es una obra del escultor gaditano Enriquez de Salamanca y es un elemento ornamental que se dispuso para rematar el conjunto.
Consiste en un aro interrumpido por dos diagonales cruzadas oblicuamente, que se asientan sobre una base constituida por un disco plano y una sección de aro circular. El acero inoxidable y el acero corten, son los materiales que predominan en este diseño. Una figura que simula una especie de telescopio para contemplar el horizonte.
